Algo más que cigarrillos y champagne

Enviado por Antonio Furret el 12/09/2008 a las 0:19

Dejé que te fueras ese día, porque creí que me olvidaría de ti y que no te vería más… No creí que cinco años después me daría cuenta de que estaba equivocado.

Era un día cualquiera, salí temprano de mi trabajo y me disponía a tomar la micro que me llevaría al mismo departamento en el que te vi por última vez, sin querer mi vista se dirigió a aquel café que solíamos frecuentar, donde tu comías un pastel de frambuesa y veías a la gente pasar. Estabas cambiada, más madura, más hermosa, más mujer; sin embargo tus ojos de niña y tu forma de mirar me recordaban a la joven universitaria de la cual me enamoré.

Fue un momento mágico, opacado por mi propia estupidez, sin querer mi mano estaba levantada y un viejo vehículo con muchos asientos me indicaba que había hecho parar la micro que se dirige a mi hogar, subí esperando verte de nuevo…

-o-

Me fui del departamento pensando que ya no me querías, no olvidé nunca tus palabras llenas de ira cuando me dijiste que me fuera, seguramente pensaste que no lo haría.

Después de cruzar el marco de la puerta y ver, de reojo, lágrimas caer por tus ásperas mejillas me propuse no volver a pisar esta tierra nunca, las flores de las plazas me recordaban tu delicadeza al cortarlas y ponerlas en mi cabello; las palomas me recordaban lo feliz que era al estar contigo… la ciudad entera tenía tu nombre.

Así estuve cinco años, trabajando en un lugar sin magia, sin recuerdos, sin ti… fue cuando me armé de valor y me decidí a volver… no podía seguir huyendo.

Recorrí nuestros lugares favoritos, aquellas plazas con los mismos juegos, con la misma flora y fauna de antes, pasé por nuestro café favorito… decidí entrar sólo por curiosidad.

En él pedí lo de siempre, “pastel de frambuesa”, y me senté al lado de la ventana a ver a la gente pasar… Vi un muchacho de anteojos, bigotes poblados y cabello desordenado, deteniendo a una micro con su mano…

-o-

Me maldecía mientras viajaba a casa. “¿era ella?”, “¿qué hace aquí?”, “¿tiene a otro?”, muchas clases de preguntas atormentaron mi mente durante el viaje incluso después de haberme acostado.

Al día siguiente fue todo como de costumbre, el despertador sonó temprano, fui a la cocina, prendí el calefont y entré al baño a ducharme sin saber que tendría una gran sorpresa al desayuno…

-o-

Ese rostro descuidado y ese bigote te delataban, pagué y me fui de aquel café.

Crucé la calle para ver si te encontraba, pero el vehículo que te tapó frente a mis ojos ahora te llevaba al lugar que dejé entre lágrimas… No lo pensé dos veces: iba a seguirlo.

En cinco años el sistema de transporte seguía igual, demoré horas en llegar, pero valió la pena, estaba frente a tu puerta en un debate moral para ver si entraba a verte o no.

Decidí entrar y dejar una pista, algo así como un juego, usé la llave que nunca te devolví y dejé mi lápiz labial en la mesa…

-o-

¿Cuándo llegó su lápiz labial a mi mesa? Otra pregunta se unía a las de la noche anterior. Ese era el tipo de lápiz labial que ella usaba, un morado especial… Deduje, entonces, que quería que la buscara… bien… decidí seguirle el juego y transformarme en Sherlock Holmes.

Haciendo memoria, la primera vez que te regalé un lápiz labial de ese color fue cuando recibiste tu título Universitario, con tu rostro lleno de una incómoda sorpresa lo tomaste y leías la tarjeta adjunta, “para mi Myosotis silvatica”, parecías no entender el significado de las letras en cursiva hasta que recibiste una foto y la descripción de aquella flor tan especial para mi, sonreíste, me abrazaste y nos fuimos a celebrar. Emprendí camino hacia aquel teatro, a ver si encontraba otra pista…

-o-

Luego de dejar lo que fue mi hogar me fui al teatro donde recibí aquel lápiz labial y aquella foto de la flor que, según tú, yo me parecía.

Recorrí el teatro y a la salida del baño de damas dejé la segunda pista, si llegar hasta aquí te costó, seguramente llegar a la siguiente parada te iba a costar más… A menos de que tu rapidez mental siguiera intacta…

-o-

Esperé encontrar la siguiente pista en la entrada del teatro, sin embargo como no encontré nada tuve que recorrer el teatro completo junto con los recuerdos que se me aparecían cuando exploraba cada rincón. Era un poco agobiante sicológicamente… tantos recuerdos, tantas sonrisas y una que otra “maldad”…

Y ahí estaban sin nada, sin sus cristales, tal cual como los recibiste: mis anteojos anteriores. Recuerdo que te los di cuando me propusiste jugar a “dar algo importante de uno mismo, algo que dejó huellas en su vida” tu me regalaste la placa que hizo que ahora tuvieras esa sonrisa perfecta y yo te regalé los lentes que estaba usado en ese momento (quería mostrar que lo que me estaba dejando una huella era ese preciso instante: verte junto a mí y verte feliz)… no quisiste aceptar el regalo al principio, finalmente lograste desarmar los anteojos y sacarles los cristales, después de eso me compré marcos nuevos… no pensé que atesoraras eso, sigues tan detallista como antes…

-o-

Me quedé escondida cerca de la entrada al teatro para ver si te dirigías al siguiente punto con la siguiente pista, quería saber si tu rapidez mental seguía siendo la misma de antes, recuerdo que siempre salías con una respuesta para todo, me gustaba eso de ti: tu afán de buscar la verdad y tu sentido del humor tan característico… Sólo tú encontrabas donde, para la mayoría de la gente, no hay nada.

-o-

Si este juego consistía en una búsqueda de lugares importantes se estaba haciendo bastante fácil, recuerdo cada detalle del lugar elegido para llevar a cabo el intercambio de regalos: “Nuestra Plaza”…

-o-

“Nuestra Plaza” fue el nombre para el lugar donde comenzó todo, no fue en un café, no fue en una sala, mucho menos en un hotel. Fue ahí donde intercambiamos regalos, fue ahí donde nos abrazamos y fue ahí donde comenzamos a amarnos.

Se acababa el día y las pistas, para terminar dejé una “pista triple”…

-o-

Llegando a la plaza y sentándome en aquella banca descubrí una pista con tres cosas que hicieron que un par de lágrimas brotaran de mis ojos: Una taza de café, un cigarrillo y un papel escrito por mí con la leyenda “Te quiero a ti”.

El día se acababa y debía regresar donde comenzó todo.

-o-

El departamento estaba más cambiado con respecto a la última vez que lo vi, la ropa sucia estaba acumulada en la que fue nuestra pieza, el living estaba lleno de polvo y la cocina tenía una torre de platos sucios seguramente acumulados en tres días (dos opciones o te hiciste más flojo o trabajas tanto que no ordenas nada y, conociendo tu tacañería, una asesora del hogar era un gastadero inútil). Nada que yo no pudiera ordenar, en 45 minutos todo estaba como debería estar.

Encendí las velas y apagué la luz… sólo quedaba esperar…

-o-

Pese a la penumbra decidí irme caminando de vuelta, me asombraba tu capacidad de recordar. Mientras caminaba me maldecía una y otra vez por haberte dejado ir.

El cigarrillo estaba en mi bolsillo, esperando encontrarse con su “hermano gemelo”.

Quise volverme por donde estaban las pistas, quería volver a recordar los momentos vividos en esos lugares. Luego de una hora llegué frente a mi puerta y entré…

Dos copas en una mesa,

Dos velas iluminando el lugar,

Una botella de Champagne,

Un cenicero,

Y un silencio que hacía que la expectación aumentara a cada segundo.

La ventana que daba a la terraza estaba abierta y allí estaba ella mirando el horizonte, bella como siempre.

Ella estaba hermosa, su aroma inundaba toda la habitación, yo estaba cansado y sudado, me senté frente a una de las copas y ella coqueta y lentamente se sentó frente a la suya.

- ¿Fuego?

Asentí con la cabeza, el ambiente no me dejaba hablar, hace 5 años que no experimentaba tal emoción.

Encendí mi cigarrillo y ella encendió el suyo, un silencio se apoderó de la habitación por largos minutos… reuní valentía y lo rompí.

- ¿Qué haces aquí?

Ella tomó la botella de Champagne y vertió un poco de su contenido en las dos copas, pareció no escuchar nada de lo que le dije

- Brindemos -dijo-

Sin pensar tomé mi copa, hice que chocara suavemente con la suya y lentamente volvía a mí.

- ¿Por qué? -pregunté-

- Por el reencuentro, tontito, ¿por qué otra cosa va a ser?

Sentí como me ruborizaba, siempre que escuchaba esa palabra salir de su boca mis orejas se teñían de rojo y mis mejillas me daban la apariencia de semáforo, es que me da un poco de vergüenza cuando me trata así.

- ¿Qué pretendes? –dije luego de tomar un sorbo de mi copa-

Por la forma en que reaccionó deduje que mi pregunta le había afectado, desvió su mirada hacia la ventana, sus ojos se llenaron de lágrimas y respondió…

- No he podido olvidarte, maldición, intenté hacerlo pero no pude – una gota cayó por su mejilla izquierda, sollozó y prosiguió- después de que me echaste estuve mal por varios meses, debido a eso renuncié a mi trabajo y estuve con psiquiatra un año, sí, un año… maldición –tomó un sorbo de champaña y prosiguió- extrañaba tu sonrisa y tu sutileza, tus pataletas y tus abrazos, tu aroma y tus caricias… te extrañaba…

Cuando comenzó su relato mi mirada se dirigía a sus bellos ojos azules, a medida que seguía la fui desviando culpablemente hacia la ventana, me sentía estúpido, la eché con una ira antes desconocida y todo por mi maldita…

- mírame cuando te hablo –dijo suave y seriamente-

- lo intentaré –respondí rápidamente-

Ella sonrió por unos instantes y siguió:

- nunca olvidaré la forma en que me echaste, me trataste como una basura, tus ojeras y tu olor denotaban que bebiste… nuevamente te emborrachaste sin motivo, nunca supe porqué lo hiciste, me prometiste no volver a hacerlo pero ahí estabas… ebrio

- l-lo sé… pero compréndeme… estaba… estaba

- ¡perder el trabajo no es una excusa para romper una promesa!, ¡sabías que te amaba y que te apoyaría, no tenías porqué haber vuelto a beber como un pendejo de 15 años!

Se desplomó sobre la mesa y lloró, lloró como aquél día, me hizo sentir como alguien miserable… en realidad lo era, era el ser mas despreciable del universo al haber desechado la oportunidad de haber sido feliz junto a la mujer más hermosa del mundo… todo por descargar mi enojo con alguien inocente.

-o-

Lloré igual que ese día, recordar esos hechos me ponían mal, muy mal… mientras estaba apoyada en la mesa un fresco aroma me envolvía y tu suave brazo me cubría

- sé que te hice daño y me he reprochado eso desde que te fuiste… es por eso que te ofrezco mis disculpas, si quieres las tomas, no estás obligada… si te molesta que esté aquí me iré… pero por favor, no llores más.

Fue una de las cosas más sinceras que había escuchado de alguien, sabía perfectamente como te desesperaba ver a alguien llorar (más aún si era una mujer), recuerdo que siempre que veías a alguien triste hacías todo lo posible para que sonriera nuevamente y si eso no resultaba te ibas cabizbajo y llegando a casa preguntabas “qué habías hecho mal”.

- no te preocupes, estoy bien -dije-

- ¿sí?

- Sí, todo bien

Traté de esbozar una sonrisa sin embargo mis ojos estaban muy hinchados y no pude sonreír muy bien

- bien… entonces… te dejo…

Tomó su maleta y se acercó lentamente a la puerta, yo lo veía y apretaba mis manos…

- sólo quiero que sepas que aún te amo, amo tus ojos al despertar en la mañana, amo tu cabello de sol que me levantaba, amo tu ser –giró la manilla, cruzó el umbral y volteó- Adiós.

Y se fue para tal vez no volver, se fue porque me amaba y no quería verme sufrir, se fue… ¡SE FUE!

-o-

Fue el Adiós más amargo que había pronunciado, mi maletín pesaba más de lo normal y mi cuerpo sólo quería descansar… de pronto…

-o-

Golpeé la mesa y corrí a la puerta, la abrí y grité como si nunca lo hubiera hecho

- ¡DETENTE AHÍ, ESTÚPIDO!

-o-

Supuse que tenía algo que reprocharme nuevamente y volteé tristemente…

-o-

Tomando aire nuevamente volví a gritar:

- ¿¡NO TE DAS CUENTA QUE TE HE PERDONADO Y HE VENIDO A BUSCARTE!?... SI NO HE PODIDO OLVIDARTE ES PORQUE…

-o-

Mientras gritaba corrí hacia ella dejando caer mi maletín

- Te amo, hermosa

- Siempre me quitas las palabras de la boca, tontito

-o-

Y mientras pronunciaba esa palabra vi como empezaba a ruborizarse desde sus ásperas mejillas hasta la punta de sus orejas.

-o-o-

Ya van diez años de eso, ambos son unos exitosos profesionales y unos amantes admirables, pese a su edad se mantienen jóvenes, el amor los hace verse como unos veinteañeros, recorren las calles tomados de la mano y mirándose como si hubieran comenzado a salir ayer, pasan fuera del teatro y se miran como cómplices pero cuando llegan a la plaza de los cisnes, esa que ellos llaman “su plaza” ya no se miran a los ojos, ya no se sientan a besarse sino que bajan su vista y sonríen como si lo que vieran fuera un tesoro de valor incalculable… es que ese pequeño de ojos azules y pelo desordenado le roba el corazón a cualquiera.


Déjame escribir de cosas alegres

Enviado por Antonio Furret el 04/06/2008 a las 18:10

Déjame sentir la melodía
De tu respiración junto a mi oído,
La suave mirada de tus ojos
Que aminoraba la tristeza de los míos
Y tus suaves dedos blancos
Que se entrelazaban con los míos.

Quiero verte así de nuevo
Iluminada frente a mí
Con tus ojos fijos en los míos
Y con esa sensación de soledad
Que nos aislaba de todo y todos
Para, así, en silencio hablar.

Háblame de ti,
Mira mis ojos, en los tuyos fijos
Y mi cara "embobada" por tu hermosura;
Escúchame tú a mí
Déjame ver las perlas detrás del cristal
Y tu boca dulce que no he probado jamás.

Caminemos juntos por la pradera
Miremos el cielo y riámonos de todo
Toma mi mano y elévame
Caerme no quiero, no me sueltes
Magia, quiero ver la magia
No me dejes, quiero ver la magia.

Dime adiós, ahora
Vete y despídete con un hasta luego
Detrás de un muro transparente
Mírame caminar feliz
Saltar y danzar alegre
Por esa pradera donde el cielo pude tocar.

Ahora déjame soñarte
Vestida de amor y luz
Paseando por los parques
Donde nacía el Sol
Por fuentes, árboles y plazas
Viendo tu silueta pasar
Para luego, súbitamente... despertar.

Déjame escribir todo esto
Para recordarlo y volar
Al preciso instante
Donde lo escrito me quiera llevar.

Alegría necesito ahora
Alegría para dejarme llevar
Déjame escribir de cosas alegres
Para nada malo tener que recordar.

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[sin título]

Enviado por Antonio Furret el 27/04/2008 a las 23:30

No recuerdo el motivo… No recuerdo el porqué… quizás ese día me levanté con el pie izquierdo.

El despertador sonó, lo apagué y seguí durmiendo… Mi madre no halló nada mejor que tirarme un vaso de agua en la cara (es una de las cosas que más odio) desperté sobresaltado y con un ritmo cardíaco acelerado…

Fui a tomar desayuno, no era la gran cosa… Lo mismo de siempre: una leche con grumos y chocolate… y un par de tostadas frías con mantequilla… Me demoré en deshacer los grumos (pareciera que mi leche cada vez tiene más de ellos… desde que dije un día a la hora de once que me apestaban los grumos, su número aumentó considerablemente en las mañanas… en la tarde tomaba té)…

Sentí el sonido del motor, salí sin lavarme los dientes, con una tostada en la boca y cerré la puerta (olvidé ponerle llave)… Entré al auto y me miraron con esa cara que te hace sentir estúpido y sentí el suave reproche de mi madre:

- Olvidaste ponerle llave a la puerta
- Aaahh… no la traje… ¿me prestas la tuya?
- Toma… apúrate, estamos atrasados

Siempre que me dicen “apúrate” hago lo contrario… me dirigí lentamente a la reja, la abrí, fui a la puerta, le puse llave, veo en dirección al auto y distingo la mano de mi madre diciendo adiós…

- No puede ser… maricones de mierda… ¡me están dejando aquí!
- ¡Chao! Nos vemos a la tarde, hoy tengo que hacer horas extras así que llegaré tarde…
- ¡Papá!

Él estaba mudo y sólo hacía lo que decía mi madre… recuerdo que el día que comencé a razonar me di cuenta que era una persona totalmente manipulable… Eso derrumbó la clásica imagen de papá – héroe que uno tiene en su niñez…

- Por maracos no voy a cerrar la reja – pensé – posterior a eso comencé a caminar hacia el colegio que quedaba a un kilómetro de mi casa (sí, conté los metros… hay veces que estoy muy ocioso y hago cosas así… ja)

Me fui por el camino largo para que cuando llegara atrasado el inspector hiciera que mi madre faltara a su trabajo (lo único que ama, según yo)

Mientras caminaba pensaba en independizarme y busqué alguna forma de huir de esta mierda de hogar…

Llegué 45 minutos tarde al colegio al llegar me encontré con el inspector y me mandó una retada de cómo 5 minutos (ni idea que me dijo… sólo veía su clásica vena en la frente, los escupitajos que salían de su boca y sus dientes chuecos)… Cuento corto entré a clases 45 minutos antes de salir a recreo

Cuando llegué a la sala y entré lo único que recibí fue la mirada de desaprobación de la profesora de Física, poco les importo a mis compañeros así que de ellos no recibí nada… salvo una bola de papel en la cabeza cuando me estaba sentando en mi puesto… en un rincón… al final de la sala…

Abrí mi cuaderno y en vez de escribir el ejercicio que estaba en la pizarra comencé a buscar algo para vengarme de mi madre… No obtuve nada, no conozco nada sobre ella… sólo sé que es mi madre desde que tengo memoria… tiempo después concluí que no era querido (por algo me puso un nombre ridículo: Leonidas…. Nadie puede llamarse así… fue uno de mis primeros traumas)… eso fue como a los 8 años… desde ahí que me siento y me hace sentir miserable…

En el colegio no paso nada en especial… lo mismo de siempre: peleas con el curso de al lado y uno que otro suspendido por aburrimiento del inspector…
No quise ir a almorzar a casa… me chocaba el hecho de ver su cara llena de arrugas a la hora de almuerzo así que mendigué comida con mis “colegas rechazados” (un compañero que tiene una malformación en la oreja, una compañera con bigotes, y un tipo de lentes con la cara llena de granos) podría decirse que esos son mis amigos… aunque de eso sólo tienen el título nada más, con suerte me sé sus nombres y a su vez ellos me conocen como “el chico malo que escucha metal y que se deja el pelo largo para que parezca más metalero aún” (bastante largo el apodo pero bueno… me causa gracia)...

Echaba de menos a mi hermano, lástima que se libró de las ataduras antes que yo, ahora está casado y vive muy lejos de casa, ya no nos viene a ver, quizás eso aumentó el odio de mi madre hacia mí… en fin… estoy acostumbrado…

En la tarde me corrí de clases y me fui al centro de la ciudad a “la única tienda alternativa de toda la ciudad” (así es conocida la tienda) y encontré lo que buscaba: una daga, tenía un águila… me encantó, costaba como unos 50 mil pesos… Obviamente no tenía esa plata pero unos días antes les había robado 60 mil a mis padres así que podía comprarla…
Luego de comprarla (y de admirarla por alrededor de 3 minutos) fui a afilarla al afilador que hay en “la población llena de flaites” (así es conocido ese lugar en mi villa)… El herrero era un tipo bajo, algo macizo con varios cortes en las manos y con una barba descuidada… Me quedó mirando extraño y me cobró 5 lucas por dejarla tan filosa que hasta cortaba un pelo por la mitad (o al menos eso decía él)…

Llegué a casa y la escondí en mi cama (nadie se mete ahí), esperando el momento propicio para usarla… No me di cuenta que había llegado antes de la hora en que mis compañeros salían del colegio así que agarré mi mochila y fui a dar una vuelta…

Estaba a punto de salir y veo que el auto llega a casa, con mi madre al volante y con un tipo desconocido en el asiento de copiloto…

Entré a mi pieza y me escondí, sólo escuchaba sus voces y el sonido de algo que parecían ser unos besos… Luego vino lo peor: Fueron a la pieza de mis padres y satisficieron el deseo de la carne… me dio asco, mi madre le estaba poniendo el gorro a mi padre, ahora entendía todo… entendía su sumisión… tampoco se sentía querido…

Estuvieron ahí mucho rato de pronto comienzo a escuchar una conversación

- Amor, ¿dónde dejamos el cuerpo?
- Por ahora está en el porta maletas, mañana lo tiro al canal
- ¿Recuerdas la cara que puso cuando nos vio saliendo juntos, de la mano, del trabajo?
- Esa cara de idiota ya la conozco, llevaba casada con él como 30 años…
- Ja, ja, ja ¿Cómo lo aguantaste tanto?
- Tenía ganas de tener a alguien que me hiciera las cosas… a falta de nana él era perfecto…

La sangre me hervía, habían matado a mi padre y no pude decirle que lo quería (el sí me lo decía, no con palabras, sí con su sonrisa habitual… aquella que sólo yo recibía)

Sin pensar tomé la daga y me dirigí a la habitación, ambos estaban desnudos… Sentí asco y mi decisión fue reafirmada: Iba a convertirme en asesino…

vi como ambos cambiaron la expresión de su rostro de un rostro lleno de placer a un rostro horrorizado, estupefacto…

Subirme a la cama y enterrar la daga en la cara de él fue una sola cosa, mi madre huía rápidamente…

Enterré la daga en la garganta de su amante y comencé a perseguirla, la alcancé justo antes de que levantara el auricular del teléfono.
- ¡Qué le hiciste a papá!
- Hijito – dijo con miedo – a tu padre lo encontraron muerto en una botillería…
- ¡Mientes!, escuché lo que decían… ¡¿cómo pudiste?!
- ¿Quieres la verdad? – dijo con más calma – estaba cansada de él
- C-cómo murió…
- Un infarto… ¿no sabías que estaba enfermo?... fue mucha la impresión al vernos juntos con Gerardo…
- Así que se llama Gerardo…
- Sí, Gerardo… Supongo que no le hiciste nada… aparte de perforarle un ojo, claro
- Si enterrarle la daga en la garganta para que se desangre igual que un cordero es nada… entonces no le hice nada

Montó en cólera, se abalanzó sobre mí dispuesta a quitarme la daga y matarme, gané el forcejeo y ella quedó a mis pies.

- Pídeme perdón
- No tengo motivos, no hice nada
- ¡Pídeme perdón!
- No, no lo voy a hacer
- ¿Es tu última palabra?
- Sí, es mi última palabra
- Que así sea entonces…

Enterré la daga en su pecho, en su cuello y en su estómago; quería asegurarme de que no se salvaría… Lloré amargamente… me convertí en un asesino a sangre fría, cruel y despiadado… como el peor malo de los videojuegos…

Me dirigí al auto, abrí el porta-maletas y ahí estaba: mi padre con cara de horror y con una mano en el pecho…

No sabía que hacer, habían 2 muertos y un moribundo en mi casa, sólo atiné a llamar a la ambulancia y a hacerme algunos cortes en las piernas para que mi coartada de “legítima defensa” fuera válida…

Cuando llegó la ambulancia estaba desangrándome, ellos llamaron a la policía al ver tan macabro crimen…

La policía llegó pero no me interrogó porque estaba shockeado a punto de desmayarme… Luego de eso no recuerdo nada más.

Desperté en una cama de hospital, pregunté por mi padre pero me dijeron que no pudieron hacer nada, que había pasado mucho tiempo desde que sufrió el infarto y que estaba muerto; pregunté por Gerardo y mi madre y me dijeron que ambos murieron, sólo que ella antes que él…

Me dijeron que si evolucionaba bien mi caso me darían de alta la semana entrante…

Llegó la semana y me dieron de alta, me citaron a declarar y mi coartada fue que “ella quería matarme por haberla pillado con su amante, yo me defendí y los maté a ambos”, mi defensor alegó que tenía problemas mentales y el juez me dejó libre, creo que me hubiera sentido mejor si hubiera caído en la cárcel, vivir impune por un crimen así no se lo doy a nadie…

Y pensar que todo fue por dejar que la ira me corrompiera… Ahora no puedo ir al colegio, no puedo salir a la calle sin que me vean con cara de terror… Estoy preso… pero en mi hogar… preso… en la escena del crimen…


Petitorio

Enviado por Antonio Furret el 12/04/2008 a las 3:23
¿Será mucho pedir
un poco de insensibilidad para vivir?
para, tranquilo en la noche, dormir
y en el día, lejos de tí, vivir

¿Será mucho pedir
que no sonrieras más?
para dejar de quererte más
y acostumbrarme a, contigo, no estar

¿Será mucho pedir
que tu mirar no se cruce con el mio,
que tu aroma no acelere mis latidos
y que en mis sueños no vuelvas a estar?

¿Será mucho pedir
no haberte conocido jamás,
que no hubieras existido más?
para dejar de quererte... cada día más
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Mañana

Enviado por Antonio Furret el 30/03/2008 a las 2:03
miraré dulcemente
tus ojos de cielo
abrazaré tiernamente
tu figura de venus
recorreré suavemente
tu frágil cintura
y besaré eternamente
tu boca de terciopelo
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Regalos

Enviado por Antonio Furret el 25/03/2008 a las 22:48
Regalaré poemas alegres
a tu sonrisa que alegra mis momentos,
a tu recuerdo que nutre mis sueños,
a tu aroma que me acompaña día a día

escribiré cuentos infantiles
a tu alma de niña que me cautiva,
a tu voz suave que me enmudece,
a tus manos blancas cuando toman las mias

Cantaré canciones de amor
a tus oídos que escuchan mis latidos,
a tus ojos cuando miran los míos,
a tu cuerpo cuando danza junto al mío

Crearé a partir de la nada,
cual Dios creara tu existencia,
una flor pura y fresca
que dé tributo a tu belleza.
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Quiero...

Enviado por Antonio Furret el 19/03/2008 a las 19:58
Que tus ojos me dejen
vivir tranquilo
Y que tu boca me ayude
a conciliar el sueño

Que tus ojos me hagan
soñar despierto
Y que tus manos me lleven
a tocar tu cielo

Que tu cuerpo me cubra
cuando frío tengo
Y que tus pies caminen
mis praderas y cerros

Que mis brazos amarren
tu sedoso cuerpo
Y nos lleven lejos
para juntos, querernos
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Noche

Enviado por Antonio Furret el 16/03/2008 a las 22:44
En la noche
cuando tus párpados cubren el cielo
un lobo aúlla en la lejanía,
un gato defiende su orgullo
y un hombre mira la luna

En la noche
cuando tus ojos se llenan de estrellas
un perro vigila su morada,
un grillo canta en la inmensidad
y un hombre piensa en su amada

en la noche
mi sueño duerme
para dar paso a tu figura
que transforma la fría noche
en una cálida mañana
con tus ojos amaneciendo
en el suave mar de mi almohada.
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Si yo fuera

Enviado por Antonio Furret el 11/03/2008 a las 22:17
Si cantautor yo fuera
te regalaría letras y notas
para, luego, vestirte con ellas

Si escritor yo fuera
un suave poema
acariciaría tu rostro
todas las mañanas

Si arquitecto yo fuera
diseñaría la morada
donde nuestros corazones
vivirán eternamente

Si médico yo fuera
te daría mi remedio
que te hará feliz por siempre

Lamentable, nada de eso soy
ni medico, ni arquitecto, ni cantautor
pero por ver tu sonrisa de luna
y tus ojos de cielo diciendo te quiero
te daría mi todo, con una flor y un beso
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Lo Siento

Enviado por Antonio Furret el 18/02/2008 a las 23:04
No me dejes ver tu rostro
cuando tus ojos tengan lágrimas
No me dejes tocar tus labios
cuando mis labios han tocado otros labios

Porque no soy perfecto
Porque soy un simple humano
Porque te amo, y mucho
Y no me gusta cuando lloras

Esto no es excusa, lo sé
pero trataré de salvar tu amor, ahora
para nunca hacer estas maldades
y sentir tu piel como ayer

Ven, niña hermosa
toma mi mano y déjame ver
Como tu sonrisa aparece nuevamante
y ésta nunca se irá
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