Dejé
que te fueras ese día, porque creí que me olvidaría de ti y que no te
vería más… No creí que cinco años después me daría cuenta de que estaba
equivocado.
Era un día cualquiera, salí
temprano de mi trabajo y me disponía a tomar la micro que me llevaría
al mismo departamento en el que te vi por última vez, sin querer mi
vista se dirigió a aquel café que solíamos frecuentar, donde tu comías
un pastel de frambuesa y veías a la gente pasar. Estabas cambiada, más
madura, más hermosa, más mujer; sin embargo tus ojos de niña y tu forma
de mirar me recordaban a la joven universitaria de la cual me enamoré.
Fue
un momento mágico, opacado por mi propia estupidez, sin querer mi mano
estaba levantada y un viejo vehículo con muchos asientos me indicaba
que había hecho parar la micro que se dirige a mi hogar, subí esperando
verte de nuevo…
-o-
Me
fui del departamento pensando que ya no me querías, no olvidé nunca tus
palabras llenas de ira cuando me dijiste que me fuera, seguramente
pensaste que no lo haría.
Después
de cruzar el marco de la puerta y ver, de reojo, lágrimas caer por tus
ásperas mejillas me propuse no volver a pisar esta tierra nunca, las
flores de las plazas me recordaban tu delicadeza al cortarlas y
ponerlas en mi cabello; las palomas me recordaban lo feliz que era al
estar contigo… la ciudad entera tenía tu nombre.
Así
estuve cinco años, trabajando en un lugar sin magia, sin recuerdos, sin
ti… fue cuando me armé de valor y me decidí a volver… no podía seguir
huyendo.
Recorrí
nuestros lugares favoritos, aquellas plazas con los mismos juegos, con
la misma flora y fauna de antes, pasé por nuestro café favorito… decidí
entrar sólo por curiosidad.
En
él pedí lo de siempre, “pastel de frambuesa”, y me senté al lado de la
ventana a ver a la gente pasar… Vi un muchacho de anteojos, bigotes
poblados y cabello desordenado, deteniendo a una micro con su mano…
-o-
Me maldecía mientras viajaba a casa. “¿era ella?”, “¿qué hace aquí?”, “¿tiene a otro?”, muchas clases de preguntas atormentaron mi mente durante el viaje incluso después de haberme acostado.
Al
día siguiente fue todo como de costumbre, el despertador sonó temprano,
fui a la cocina, prendí el calefont y entré al baño a ducharme sin
saber que tendría una gran sorpresa al desayuno…
-o-
Ese rostro descuidado y ese bigote te delataban, pagué y me fui de aquel café.
Crucé
la calle para ver si te encontraba, pero el vehículo que te tapó frente
a mis ojos ahora te llevaba al lugar que dejé entre lágrimas… No lo
pensé dos veces: iba a seguirlo.
En
cinco años el sistema de transporte seguía igual, demoré horas en
llegar, pero valió la pena, estaba frente a tu puerta en un debate
moral para ver si entraba a verte o no.
Decidí entrar y dejar una pista, algo así como un juego, usé la llave que nunca te devolví y dejé mi lápiz labial en la mesa…
-o-
¿Cuándo
llegó su lápiz labial a mi mesa? Otra pregunta se unía a las de la
noche anterior. Ese era el tipo de lápiz labial que ella usaba, un
morado especial… Deduje, entonces, que quería que la buscara… bien…
decidí seguirle el juego y transformarme en Sherlock Holmes.
Haciendo
memoria, la primera vez que te regalé un lápiz labial de ese color fue
cuando recibiste tu título Universitario, con tu rostro lleno de una
incómoda sorpresa lo tomaste y leías la tarjeta adjunta, “para mi Myosotis silvatica”,
parecías no entender el significado de las letras en cursiva hasta que
recibiste una foto y la descripción de aquella flor tan especial para
mi, sonreíste, me abrazaste y nos fuimos a celebrar. Emprendí camino
hacia aquel teatro, a ver si encontraba otra pista…
-o-
Luego
de dejar lo que fue mi hogar me fui al teatro donde recibí aquel lápiz
labial y aquella foto de la flor que, según tú, yo me parecía.
Recorrí
el teatro y a la salida del baño de damas dejé la segunda pista, si
llegar hasta aquí te costó, seguramente llegar a la siguiente parada te
iba a costar más… A menos de que tu rapidez mental siguiera intacta…
-o-
Esperé
encontrar la siguiente pista en la entrada del teatro, sin embargo como
no encontré nada tuve que recorrer el teatro completo junto con los
recuerdos que se me aparecían cuando exploraba cada rincón. Era un poco
agobiante sicológicamente… tantos recuerdos, tantas sonrisas y una que
otra “maldad”…
Y
ahí estaban sin nada, sin sus cristales, tal cual como los recibiste:
mis anteojos anteriores. Recuerdo que te los di cuando me propusiste
jugar a “dar algo importante de uno mismo, algo que dejó huellas en su
vida” tu me regalaste la placa que hizo que ahora tuvieras esa sonrisa
perfecta y yo te regalé los lentes que estaba usado en ese momento
(quería mostrar que lo que me estaba dejando una huella era ese preciso
instante: verte junto a mí y verte feliz)… no quisiste aceptar el
regalo al principio, finalmente lograste desarmar los anteojos y
sacarles los cristales, después de eso me compré marcos nuevos… no
pensé que atesoraras eso, sigues tan detallista como antes…
-o-
Me
quedé escondida cerca de la entrada al teatro para ver si te dirigías
al siguiente punto con la siguiente pista, quería saber si tu rapidez
mental seguía siendo la misma de antes, recuerdo que siempre salías con
una respuesta para todo, me gustaba eso de ti: tu afán de buscar la
verdad y tu sentido del humor tan característico… Sólo tú encontrabas
donde, para la mayoría de la gente, no hay nada.
-o-
Si
este juego consistía en una búsqueda de lugares importantes se estaba
haciendo bastante fácil, recuerdo cada detalle del lugar elegido para
llevar a cabo el intercambio de regalos: “Nuestra Plaza”…
-o-
“Nuestra
Plaza” fue el nombre para el lugar donde comenzó todo, no fue en un
café, no fue en una sala, mucho menos en un hotel. Fue ahí donde
intercambiamos regalos, fue ahí donde nos abrazamos y fue ahí donde
comenzamos a amarnos.
Se acababa el día y las pistas, para terminar dejé una “pista triple”…
-o-
Llegando
a la plaza y sentándome en aquella banca descubrí una pista con tres
cosas que hicieron que un par de lágrimas brotaran de mis ojos: Una
taza de café, un cigarrillo y un papel escrito por mí con la leyenda
“Te quiero a ti”.
El día se acababa y debía regresar donde comenzó todo.
-o-
El
departamento estaba más cambiado con respecto a la última vez que lo
vi, la ropa sucia estaba acumulada en la que fue nuestra pieza, el
living estaba lleno de polvo y la cocina tenía una torre de platos
sucios seguramente acumulados en tres días (dos opciones o te hiciste
más flojo o trabajas tanto que no ordenas nada y, conociendo tu
tacañería, una asesora del hogar era un gastadero inútil). Nada que yo
no pudiera ordenar, en 45 minutos todo estaba como debería estar.
Encendí las velas y apagué la luz… sólo quedaba esperar…
-o-
Pese
a la penumbra decidí irme caminando de vuelta, me asombraba tu
capacidad de recordar. Mientras caminaba me maldecía una y otra vez por
haberte dejado ir.
El cigarrillo estaba en mi bolsillo, esperando encontrarse con su “hermano gemelo”.
Quise
volverme por donde estaban las pistas, quería volver a recordar los
momentos vividos en esos lugares. Luego de una hora llegué frente a mi
puerta y entré…
Dos copas en una mesa,
Dos velas iluminando el lugar,
Una botella de Champagne,
Un cenicero,
Y un silencio que hacía que la expectación aumentara a cada segundo.
La ventana que daba a la terraza estaba abierta y allí estaba ella mirando el horizonte, bella como siempre.
Ella
estaba hermosa, su aroma inundaba toda la habitación, yo estaba cansado
y sudado, me senté frente a una de las copas y ella coqueta y
lentamente se sentó frente a la suya.
- ¿Fuego?
Asentí con la cabeza, el ambiente no me dejaba hablar, hace 5 años que no experimentaba tal emoción.
Encendí
mi cigarrillo y ella encendió el suyo, un silencio se apoderó de la
habitación por largos minutos… reuní valentía y lo rompí.
- ¿Qué haces aquí?
Ella tomó la botella de Champagne y vertió un poco de su contenido en las dos copas, pareció no escuchar nada de lo que le dije
- Brindemos -dijo-
Sin pensar tomé mi copa, hice que chocara suavemente con la suya y lentamente volvía a mí.
- ¿Por qué? -pregunté-
- Por el reencuentro, tontito, ¿por qué otra cosa va a ser?
Sentí
como me ruborizaba, siempre que escuchaba esa palabra salir de su boca
mis orejas se teñían de rojo y mis mejillas me daban la apariencia de
semáforo, es que me da un poco de vergüenza cuando me trata así.
- ¿Qué pretendes? –dije luego de tomar un sorbo de mi copa-
Por
la forma en que reaccionó deduje que mi pregunta le había afectado,
desvió su mirada hacia la ventana, sus ojos se llenaron de lágrimas y
respondió…
- No
he podido olvidarte, maldición, intenté hacerlo pero no pude – una gota
cayó por su mejilla izquierda, sollozó y prosiguió- después de que me
echaste estuve mal por varios meses, debido a eso renuncié a mi trabajo
y estuve con psiquiatra un año, sí, un año… maldición –tomó un sorbo de
champaña y prosiguió- extrañaba tu sonrisa y tu sutileza, tus pataletas
y tus abrazos, tu aroma y tus caricias… te extrañaba…
Cuando
comenzó su relato mi mirada se dirigía a sus bellos ojos azules, a
medida que seguía la fui desviando culpablemente hacia la ventana, me
sentía estúpido, la eché con una ira antes desconocida y todo por mi
maldita…
- mírame cuando te hablo –dijo suave y seriamente-
- lo intentaré –respondí rápidamente-
Ella sonrió por unos instantes y siguió:
- nunca
olvidaré la forma en que me echaste, me trataste como una basura, tus
ojeras y tu olor denotaban que bebiste… nuevamente te emborrachaste sin
motivo, nunca supe porqué lo hiciste, me prometiste no volver a hacerlo pero ahí estabas… ebrio
- l-lo sé… pero compréndeme… estaba… estaba
- ¡perder
el trabajo no es una excusa para romper una promesa!, ¡sabías que te
amaba y que te apoyaría, no tenías porqué haber vuelto a beber como un
pendejo de 15 años!
Se
desplomó sobre la mesa y lloró, lloró como aquél día, me hizo sentir
como alguien miserable… en realidad lo era, era el ser mas despreciable
del universo al haber desechado la oportunidad de haber sido feliz
junto a la mujer más hermosa del mundo… todo por descargar mi enojo con
alguien inocente.
-o-
Lloré
igual que ese día, recordar esos hechos me ponían mal, muy mal…
mientras estaba apoyada en la mesa un fresco aroma me envolvía y tu
suave brazo me cubría
- sé
que te hice daño y me he reprochado eso desde que te fuiste… es por eso
que te ofrezco mis disculpas, si quieres las tomas, no estás obligada…
si te molesta que esté aquí me iré… pero por favor, no llores más.
Fue
una de las cosas más sinceras que había escuchado de alguien, sabía
perfectamente como te desesperaba ver a alguien llorar (más aún si era
una mujer), recuerdo que siempre que veías a alguien triste hacías todo
lo posible para que sonriera nuevamente y si eso no resultaba te ibas
cabizbajo y llegando a casa preguntabas “qué habías hecho mal”.
- no te preocupes, estoy bien -dije-
- ¿sí?
- Sí, todo bien
Traté de esbozar una sonrisa sin embargo mis ojos estaban muy hinchados y no pude sonreír muy bien
- bien… entonces… te dejo…
Tomó su maleta y se acercó lentamente a la puerta, yo lo veía y apretaba mis manos…
- sólo
quiero que sepas que aún te amo, amo tus ojos al despertar en la
mañana, amo tu cabello de sol que me levantaba, amo tu ser –giró la
manilla, cruzó el umbral y volteó- Adiós.
Y se fue para tal vez no volver, se fue porque me amaba y no quería verme sufrir, se fue… ¡SE FUE!
-o-
Fue el Adiós más amargo que había pronunciado, mi maletín pesaba más de lo normal y mi cuerpo sólo quería descansar… de pronto…
-o-
Golpeé la mesa y corrí a la puerta, la abrí y grité como si nunca lo hubiera hecho
- ¡DETENTE AHÍ, ESTÚPIDO!
-o-
Supuse que tenía algo que reprocharme nuevamente y volteé tristemente…
-o-
Tomando aire nuevamente volví a gritar:
- ¿¡NO TE DAS CUENTA QUE TE HE PERDONADO Y HE VENIDO A BUSCARTE!?... SI NO HE PODIDO OLVIDARTE ES PORQUE…
-o-
Mientras gritaba corrí hacia ella dejando caer mi maletín
- Te amo, hermosa
- Siempre me quitas las palabras de la boca, tontito
-o-
Y mientras pronunciaba esa palabra vi como empezaba a ruborizarse desde sus ásperas mejillas hasta la punta de sus orejas.
-o-o-
Ya
van diez años de eso, ambos son unos exitosos profesionales y unos
amantes admirables, pese a su edad se mantienen jóvenes, el amor los
hace verse como unos veinteañeros, recorren las calles tomados de la
mano y mirándose como si hubieran comenzado a salir ayer, pasan fuera
del teatro y se miran como cómplices pero cuando llegan a la plaza de
los cisnes, esa que ellos llaman “su plaza” ya no se miran a los ojos,
ya no se sientan a besarse sino que bajan su vista y sonríen como si lo
que vieran fuera un tesoro de valor incalculable… es que ese pequeño de ojos azules y pelo desordenado le roba el corazón a cualquiera.
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